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Existe
una gran confusión mental respecto a los seres conocidos
como Elementales.
Algunas veces se les confunde con los espíritus de los
seres humanos. Indudablemente, muchos de los actos
atribuidos a los espíritus son obra no de éstos, sino de
los Elementales.
Pero tampoco se les debe confundir con los demonios
malignos, o, para darles el nombre que les corresponde
en la Cabala, con los “Qliphoth”.
Los Elementales son las formas del pensamiento generadas
por sistemas coordinados de reacciones, que han llegado
a estereotiparse debido a su repetición constante y sin
modificaciones. Para aclarar este concepto hacen falta
algunas explicaciones, y lo comprenderemos mejor si
antes estudiamos los medios por los cuales los
Elementales llegan a existir.
Cada etapa de la evolución está constituida por la
emisión y retorno de una ola-vida de almas vivientes. En
la terminología esotérica se las denomina Señores de la
Llama, de la Forma y de la Mente. La evolución actual
dará lugar a los Señores de la Humanidad. Cada ola-vida
aporta su contribución característica a la evolución.
Cuando las Chispas Divinas, que constituyeron los
núcleos de las almas en desarrollo de cada evolución,
ascienden de plano y se ven absorbidas en el Reino de
Dios, su obra queda detrás de ellas, en lo que han
construido, que pueden ser los elementos químicos
creados por los Señores de la Forma, las reacciones
químicas creadas por los Señores de la Llama, o las
reacciones de la consciencia creadas por los Señores de
la Mente.
Se cree que la humanidad está desarrollando el poder de
la consciencia coordinada; y, por tanto, los Señores de
la Humanidad mantendrán la misma relación con los
Señores de la Mente que los Señores de la Llama con los
Señores de la Forma. No obstante, estos seres,
pertenecientes a las tres primeras ondas-vida, han
superado ya los distintos grados de la vida en nuestra
Tierra, y cada grupo ha ascendido al nivel que le
corresponde, mientras que los Señores de la Humanidad se
encuentran aún absortos por la tarea de construir; y
salvo unos cuantos que se han convertido en Maestros, no
han logrado escapar todavía de la esclavitud de las
condiciones materiales sobre las cuales trabajan. En
consecuencia, es muy raro entrar en contacto con esta
categoría superior de seres, y sólo lo consiguen
ocasionalmente los grados superiores de adeptos.
No obstante, y como se ha indicado ya, han dejado tras
sí las formas que han ido construyendo a lo largo de su
evolución. Como enseña el esoterismo, esas formas
consisten en sistemas coordinados de tensiones
magnéticas.
Cuando se produce un movimiento, se crea una corriente
eléctrica; y si la serie de movimientos coordinados se
repite muchas veces, esas corrientes tienden a realizar
ajustes entre sí y a coordinarse por su propia cuenta,
con independencia de las formas físicas por cuyas
actividades se originaron. De esas coordinaciones han
surgido los llamados Elementales.
No podemos profundizar más en este interesante y
complejo tema, pues no disponemos de espacio suficiente
para ello, y se debería estudiar por separado. No
obstante, hemos dicho lo suficiente como para dejar bien
claro que, aunque el resultado definitivo de la
evolución de los reinos angélico, humano y Elemental es
producir consciencia e inteligencia, el origen de esos
tres tipos de seres es completamente distinto, como
también su destino.
Las Chispas Divinas son las emanaciones del Gran
No-manifiesto, el Ain Soph Aur, para decirlo en la
terminología de los seguidores de la cabala; los ángeles
son creación del Logos Solar, y los Elementales
“creaciones de los creados”; es decir, que se derivan de
las actividades del universo material y tangible.
Así pues, existen numerosos tipos de Elementales. En
primer lugar, las cuatro grandes divisiones de los
espíritus Elementales de la Tierra, el Aire, el Fuego y
el Agua, conocidos por los alquimistas como Gnomos,
Sílfides, Salamandras y Ondinas, respectivamente. En
realidad, representan los cuatro tipos de actividad
surgidos de cuatro tipos de relación. En los sólidos (el
Elemento de la tierra), las moléculas se encuentran
firmemente unidas; en los líquidos (el Elemento del
agua) las moléculas se encuentran mucho más libres.
En los gases (el Elemento del aire), las moléculas se
repelen entre sí, y, en consecuencia, se separan o
difuminan al máximo. Y en el fuego la propiedad esencial
es su capacidad de cambiar de plano, o transmutarse.
Bajo la égida de sus respectivos reyes angélicos, los
cuatro reinos de los Elementales primarios o
fundamentales representan la acción coordinada,
inteligente y dotada de propósito de esas cuatro
propiedades de la materia; para decirlo de forma más
exacta, el lado o aspecto mental de los fenómenos
materiales.
Este hecho es de sobra conocido por los ocultistas, que
utilizan el lado mental de la materia para sus trabajos
mágicos. En consecuencia, puede decirse que es como si
esos sistemas Elementales de reacciones hubiesen sido
“domesticados” por los adeptos. Los Elementales así
domesticados se han visto imbuidos con una consciencia
de tipo humano. Las personas dotadas de gran capacidad
psíquica se encuentran algunas veces con estos
Elementales desarrollados (o sólo iniciados).
Nos estamos adentrando ya en uno de los aspectos más
secretos del ocultismo, por lo que no puedo seguir
hablando; no obstante, aun en el caso de que lo hiciera,
apenas sería comprendida, salvo por los que estuviesen
ya versados en el tema de la ciencia esotérica.
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