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Karl Von Eckartshausen

"Hijos
de la Verdad, no hay más que una Orden, una Fraternidad, una
asociación de hombres unidos para adquirir la iluminación. De este
centro, los malentendidos han hecho surgir innumerables órdenes;
todos vuelven de la multiplicidad de opiniones hacia una verdad
única y hacia la verdadera asociación de aquellos que son capaces de
recibir la luz de la Comunidad de los Elegidos.
Esta Comunidad de luz existe desde el primer día de la creación del
mundo y su duración se extenderá hasta el último día de los tiempos.
Ella es la sociedad de los elegidos que conocen la luz en las
tinieblas y la separan en lo que ella tiene de propio.
Esta comunidad posee una Escuela, en la que aquellos que tienen sed
de conocimiento son instruidos por el propio Espíritu de Sabiduría;
todos los misterios de Dios y de la naturaleza se conservan allí
para los niños de la luz. El perfecto conocimiento de Dios, la
naturaleza y la humanidad son los objetivos de la instrucción de
esta Escuela. Desde aquí penetra toda verdad en el mundo; era la
escuela de los profetas y de todos los que buscan la Sabiduría; y
sólo en esta comunidad se encuentra la verdad y la explicación de
todos los misterios. Es la comunidad más escondida de todas y no
obstante posee miembros venidos de muchas órdenes, tal es esta
Escuela.
Este Santuario, compuesto de miembros dispersos, pero ligados por
lazos de unión y de amor perfectos, se ha consagrado desde los
tiempos más antiguos a la construcción del Gran Templo de la
regeneración de la Humanidad, por el cual el Reino de Dios sería
manifestado. Esta sociedad está en comunión mental con aquellos que
son más capaces de alcanzar la luz, es decir, los Elegidos.
La Iglesia Interior nació justo después de la caída del hombre, y
recibió de Dios inmediatamente la revelación de los medios por los
cuales la especie humana caída será reintegrada en su dignidad y
liberada de su miseria. Este Santuario recibió desde el principio la
tarea de toda revelación y todo misterio así como la Clave de la
verdadera ciencia, tanto divina como natural.
Pero cuando los hombres se multiplicaron, la ligereza y la debilidad
del hombre necesitaron una sociedad externa que veló la sociedad
interna y disimuló en la letra al espíritu y a la verdad. La masa
del pueblo no era capaz de comprender esta verdad interior y hubiera
sido un error confiar a esta gente incapaz lo más sagrado. Por eso,
las verdades interiores fueron recubiertas por ceremonias externas y
visibles, a fin de que los hombres, por la percepción de lo externo
que es símbolo de lo interno, puedan acercarse progresivamente a las
verdades espirituales internas.
Pero el depósito sagrado ha sido siempre confiado al hombre más
capaz en cada época de recibir la iluminación y que se convirtió en
el único guardián de la Verdad Original como Gran Padre del
Santuario.
Esta comunidad interna de la luz es la reunión de todos aquellos que
son capaces de recibir la luz y escogidos para recibirla; es
conocida con el nombre de Comunión de los Santos. El depósito
original de todo poder y de toda verdad le ha sido confiado siempre
a ella sola; dice San Pablo que sólo ella está en posesión de la
ciencia de los Santos. Por ella han sido formados los representantes
de Dios en todas las eras, que pasan de lo interno a lo externo para
comunicar el espíritu y la vida a la letra muerta.
Esta comunidad de la luz ha sido, a través de las eras, la verdadera
escuela de la mente de Dios y como tal, es su Cátedra, su Doctor,
posee un libro en el cual sus discípulos estudian las formas y los
objetos y también un método según el cual estudian. Tiene también
grados sucesivos de desenvolvimiento hasta los Grados superiores.
Esta escuela de sabiduría ha estado siempre oculta al mundo, porque
es invisible y no puede estar sometida más que al Gobierno Divino.
Nunca ha estado expuesta a los desgastes del tiempo y a la debilidad
del hombre, porque sólo los .más capaces son elegidos para servirla
y el espíritu que les escoge no puede padecer ninguna decepción.
Por esta escuela fueron desenvueltos los gérmenes de todas las
ciencias sublimes que fueron recibidas al principio por las escuelas
externas y después revestidas con otras formas en las cuales
finalmente degeneraron a veces. Esta sociedad de sabios comunicó,
según el tiempo y las circunstancias, a las comunidades externas sus
jeroglíficos simbólicos, a fin de acercar al hombre de lo externo a
las grandes verdades de lo interno.
Pero todas las sociedades externas subsisten en la medida en que
esta sociedad interna les comunica su espíritu. Cuando alguna quiere
ser independiente y transformar un templo de sabiduría en edificio
político, la sociedad interna se retira, dejando tras ella nada más
que letras muertas. Es así como las escuelas externas y secretas de
sabiduría no eran nada más que velos jeroglíficos, quedando la
verdad en el santuario a fin de no ser profanada.
En esta sociedad interna el hombre encuentra la sabiduría y con ella
el Todo; no la sabiduría de este mundo, que no es más que un
conocimiento científico girando alrededor de los externo sin
alcanzar jamás el centro, sino la verdadera sabiduría y a los
hombres que la obedecen.
Todas las disputas, controversias, todo lo que desenvuelve la falsa
prudencia del mundo, las discusiones estériles, los gérmenes de
opiniones inútiles que siembran la discordia, todos los errores, los
cismas y sistemas son desterrados. Allí no se conoce la calumnia, ni
el escándalo. Cada hombre es honrado. El espíritu satírico que busca
diversión a costa de los demás es desconocido, Sólo reina el amor.
El monstruo de la calumnia jamás levanta su cabeza de serpiente
entre los hijos de la sabiduría; la estima común reina
exclusivamente; aquí no se observan las faltas del prójimo; aquí no
se hacen amargos reproches a los defectos; caritativamente, el
viajero es conducido por el camino de la verdad. Se busca persuadir
y tocar el corazón de los que se equivocan, dejando el castigo a los
Señores de la Luz.
La pobreza y la debilidad están protegidas; cada cual se regocija
con cada progreso realizado y cada dignidad adquirida por el hombre.
Ninguno se ha elevado por encima de los demás gracias a la fortuna o
el don de la suerte; aquél que se considera el más feliz es el que
tiene la posibilidad de hacer el bien a sus hermanos; y todos estos
hombres, unidos en el espíritu del amor a la verdad, constituyen la
Iglesia Invisible, la sociedad del Reino Interior del que Dios es el
único Jefe.
No obstante, no debemos imaginar que esta sociedad se parezca a una
orden secreta, que se reúne en un tiempo concreto para escoger a sus
jefes y a sus miembros, unidos por objetivos especiales. Todas las
asociaciones, sean las que sean, no provienen sino de esta comunidad
interna de sabiduría, que ignora todas las formalidades inherentes a
los círculos externos constituidos por el hombre. En el reino de las
fuerzas, todas las formas exteriores desaparecen.
Dios mismo es el Poder omnipresente. El mejor hombre de la época, el
propio Jefe, no conoce a todos los miembros, pero en cuanto la
voluntad de Dios es que se reúnan, éstos se encuentran
infaliblemente en el mundo y están listos para trabajar en la
realización de la tarea que les sea asignada.
Esta comunidad no tiene velos externos. Aquél que es elegido para
actuar ante Dios es el Primero; se muestra a los demás sin
presunción y es recibido por ellos sin envidia.
Si es necesario que algunos miembros verdaderos se encuentren, lo
harán y se reconocerán con toda certeza. No se utiliza ningún
disfraz, ni la hipocresía ni el simulacro pueden ocultar las
características cualidades de esta sociedad, porque es auténtica.
Toda ilusión ha desaparecido y las cosas aparecen en su forma real.
Ningún miembro puede escoger a otro, la elección debe ser unánime.
Todos los hombres son llamados, los llamados pueden ser escogidos si
son aptos para entrar en la comunidad.
Cada cual puede aspirar a entrar en ella, y todo hombre que forma
parte de ella puede enseñar a los demás cómo buscarla y ser
admitido; pero sólo quien haya logrado la suficiente madurez puede
penetrar en el interior. Los hombres insuficientemente preparados
suscitan el desorden en las comunidades y el desorden es
incompatible con el Santuario. Este rechaza todo lo que no sea
homogéneo. La inteligencia de este mundo busca en vano este
Santuario, también son vanos los esfuerzos de la malevolencia,
aunque haga lo imposible por penetrar estos grandes misterios; todo
resulta indescifrable para quien no está listo, no puede ver ni leer
nada de lo que se encuentra en el interior.
Aquél que ha llegado a la madurez se suma a la cadena quizá cuando
menos lo espere y a un eslabón del que nada sospechaba. La búsqueda
de esta madurez es la meta del esfuerzo de quien ama la sabiduría.
Pero hay métodos que permiten adquirir esta madurez, ya que la Santa
Comunión es el depósito original de la más antigua ciencia del
género humano, además de los primeros misterios de toda ciencia.
Ella es la única y verdadera Comunidad de la Luz en posesión de la
llave de todos los misterios y en conocimiento de la íntima verdad
de la naturaleza y de la creación.
Es una sociedad que une a sus propios poderes los poderes
superiores, y comprende a miembros de más de un mundo. Es una
sociedad cuyos miembros forman una república teocrática que llegará
a ser algún día la Madre Regente del Mundo Entero."
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