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El
agente mágico al que Levi hacía referencia aquí es la
sustancia del Mundo Formativo o, de otra manera, la
esfera del Yesod, palabra hebrea que se puede traducir
como Fundamento o Base. El equivalente directo del Yesod
cabalístico en la filosofía Teosófica, según dictamina
Madame Blavatsky –y aquí sigo las líneas generales de su
sistema y que formuló Levi en Magia Trascendental-
recibe el nombre de Luz Astral. En algunos lugares se la
define como un medio o fluido de una materia
extremadamente sutil, omnipresente y que todo lo
impregna. Esta luz se difunde por todo el espacio y
penetra y satura cualquier forma u objeto visible. Para
expresar esta idea en otras palabras, es un plano de
cuatro dimensiones formado por una sustancia luminosa y
etérea en un estado altamente tenue, de naturaleza
eléctrica, magnética y radiactiva.
“Este fluido que todo lo penetra, este rayo que parte
del esplendor del sol y queda fijo por el peso de la
atmósfera y por el poder de la atracción central, este
cuerpo del Espíritu Santo al que llamamos la Luz Astral
y el Agente Universal, este éter electromagnético, este
calórico vital y luminoso viene representado en los
monumentos antiguos por el ceñidor de Isis que se ajusta
en un nudo de amor alrededor de los dos polos, el de la
serpiente con cabeza de toro y el de la serpiente con
cabeza de cabra o de perro; en las antiguas teogonías,
era la serpiente que se muerde la cola, emblema de la
prudencia y de Saturno. Es el dragón alado de Medea, la
serpiente doble de los caduceos y la tentadora del
Génesis; pero también es la serpiente cínica de Moisés
que rodea al Tau, es decir, el lingam generador. Es la
doble cola que forma las patas del gallo solar de
Abraxas”.
El Mago francés describe la Luz Astral utilizando estos
términos cuajados de elocuentes símbolos, aunque para el
lector casual pueda parecer una verborrea desmesurada.
Son símbolos altamente interesantes y significativos y,
si se presta mucha atención y se tiene mucho cuidado con
su interpretación, son muy edificantes, proporcionan
mucha información de gran valor y ayudan a la
comprensión intelectual de la naturaleza y las
características de este sutil plano. La Luz Astral vibra
a otra velocidad que la sustancia grosera del mundo
físico, por lo que existe en un plano más elevado, y
contiene el plan o el modelo del constructor o, para
decirlo con otras palabras, proyecta hacia abajo las
Ideas o la Imaginación del Padre; el plan según el cual
se ha construido el mundo externo y en cuyas esencias
yace latente la potencialidad de todo crecimiento y
desarrollo. Todas las fuerzas y las “ideas” de los
reinos Creativo y Arquetípico quedan representadas y se
concentran en este agente plástico, el Mundo Formativo.
Es, al mismo tiempo, sustancia y movimiento, y el
movimiento es “simultáneo y perpetuo, siguiendo las
líneas espirales de los movimientos opuestos”. Debo
decir que fue el difundo Lord Salisbury el que definió
el éter como el nominativo del verbo “ondear”.
En muchos sentidos, este Mundo Formativo, el recipiente
de las fuerzas creadoras más elevadas, se puede comparar
en sus aspectos más bajos con el Éter de la Ciencia. Sin
embargo, existe esta excepción. La Luz astral ha podido
ser verificada en el pasado (y lo mismo sucederá en el
futuro) por medio de la experiencia de la visión
directa. El concepto científico del éter hoy es
radicalmente distinto del que tenían los científicos de
hace cincuenta años de lo que era el éter luminífero. Es
decir, que si juzgamos de acuerdo con sus normas y
hablamos en su lenguaje, la idea moderna del éter y de
sus ondas de radiación no son realidades en absoluto. Y,
sin embargo, como dice sir James Jean en El Universo
Misterioso, el éter es una de las cosas más reales “de
todas las que podemos conocer o experimentar y es tan
real para nosotros como cualquier otra cosa”. El ente
que los físicos experimentales de la actualidad
definirían como éter tiene que ser algo que responda
cualitativa y cuantitativamente a sus instrumentos y
ecuaciones matemáticas. Por otro lado, cuando los
Teúrgos se refieren a la sustancia eléctrica y magnética
de la Luz Astral, lo que se implica es un estado o una
condición metafísica de la sustancia, algo que no se
puede medir ni observar con instrumentos físicos aunque
su existencia la hayan corroborado en idénticos términos
una sucesión de videntes y de magos. Como se ha dicho
antes, yace en otro plano diferente de existencia y de
consciencia y sus partículas vibran de tal forma y a tal
velocidad que son invisibles e imperceptibles para
nuestros órganos sensoriales.
En años recientes, hemos sido testigos del desarrollo de
la teoría electromagnética en el reino de la
especulación científica; esta teoría descarta, por
innecesaria, la hipótesis victoriana de un éter
luminífero y ondulante que todo lo impregna. En su
lugar, se ha colocado en un trono, coronado y
reverenciado con devoción un concepto matemático mucho
más abstracto: El continuo Espacio-Tiempo. Hay un grupo
de científicos que están a favor de mantener la
hipótesis del éter; y otros, no menos conocidos ni
eruditos, están seguros de que no existe ni es posible
la existencia de una estructura tan sutil como la del
éter. La admiten solamente como un marco teórico de
referencia, en cuyo caso asume el rol de una simple
hipótesis de trabajo, sin ningún grado de actualidad
objetiva. El examen de las definiciones científicas de
estos dos grupos de científicos revela el hecho de que
el concepto de Éter y el de Continuo Tetradimensional
Espacio-Tiempo es el mismo. Sir Arthur Eddington, en uno
de sus recientes trabajos en el que hacía referencia a
estos dos conceptos, expresaba su convencimiento de que
los dos grupos quieren decir exactamente lo mismo y que
sólo les separan las palabras. Sir James Jean, en su
obra anteriormente mencionada, observa cautamente en
relación a este oscuro problema, que sería procedente
descartar la palabra “éter” a favor de la más moderna
“continuo”, aunque el principio esencial permanezca casi
por completo inalterado. En otras partes de esta erudita
obra nos encontramos con la afirmación, hecha por
distintos científicos, de que se puede considerar que
todos los fenómenos electromagnéticos tienen lugar en un
continuo de cuatro dimensiones –tres de espacio y una de
tiempo- en el que es completamente imposible separar el
espacio del tiempo. Subrayo esta observación porque es
más o menos la confirmación de lo que han escrito los
magos más eminentes de todos los tiempos sobre el Ánima
Mundi o el Azoth. Los posteriores comentarios de Jean se
pueden explicar de la siguiente forma: Si deseamos
visualizar la propagación de las ondas luminosas o de
las fuerzas electromagnéticas considerándolas
perturbaciones en un éter, entonces hay que considerar
que nuestro éter es una estructura tetradimensional, que
llena todo el continuo y se extiende por todo el espacio
y todo el tiempo; con lo que tenemos el mismo éter.
Este éter científico, del que todos pueden disfrutar y
que se extiende por todo el espacio y el tiempo,
sirviendo de medio para que se propaguen vibraciones de
todo tipo, difiere en algunas cosas esenciales de la Luz
Astral de Levi. La definición en la que siempre insisten
los Teúrgos, por lo que se refiere a este plano etéreo,
es que es una sustancia plástica refinada, menos densa y
grosera que lo que nos rodea, de naturaleza eléctrica y
magnética y que sirve de base real sobre la que se
disponen las formas de los átomos en el universo físico.
Este plano que, en su aspecto más bajo, es el auténtico
pozo negro del universo, comprende esa faceta de
consciencia que dirige los instintos y las energías de
los animales; en sus ramificaciones más elevadas, que
están más allá de esta esfera mundana, roza lo divino. Y
esto se puede aplicar al Árbol de la Vida; en él, el
Mundo Formativo incluye no sólo la esfera del Yesod sino
que, en la clasificación del Árbol separado en los
Cuatro Mundos, se percibe que se extiende más allá del
Yesod y que incluye el Tipharas, la Casa del Alma, y que
llega hasta el borde del Abismo. La esfera del
Fundamento es solamente su fase más inferior. Sólo como
Yesod es esa grosera región del cosmos metafísico que
contiene los sobrantes astrales de desecho de las
criaturas vivas, las inmundicias mentales y bestiales de
las que se desprenden los seres humanos cuando, después
de la muerte, ascienden a esferas más elevadas. En sus
aspectos de Chesed y de Gevurah, es el cielo más
celestial. Cuando se considera de este modo, se le suele
denominar el Astral divino y el Alma del Mundo.
“En sí mismo, es una fuerza ciega; pero los caudillos de
almas, que son espíritus de acción y energía, la pueden
dirigir. Ésta es la teoría de los prodigios y de los
milagros. De hecho, ¿cómo las fuerzas buenas y malas de
la Naturaleza pueden descubrir sus fuerzas excepcionales
...? ¿Cómo es posible que el réprobo, errante y perverso
espíritu tenga, en algunos casos, más poder que el
espíritu de la Justicia, tan poderoso en su simplicidad
y su sabiduría, si no asumimos la existencia de un
instrumento del que todos podemos hacer uso, en ciertas
circunstancias, por un lado para el dios más grande y,
por otro, para el diablo más grande?”. Deseo hacer
hincapié en esta interpretación dual del éter mágico que
nos proporciona Levi en este párrafo, ya que en ella se
incluye un elemento inferior y básico y un elemento
superior y noble. El primero es la sede de las causas de
muchas de las dolencias de la humanidad y el último es
el fuego fundamental y el Alma del Mundo. La naturaleza
del Astral Divino es solar y celestial, mientras que el
Astral grosero es lunar, reflexivo y puramente
automático. Blavatsky confirma esta hipótesis de la
naturaleza dual de la Luz Astral con las siguientes
palabras: “La Luz Astral o Ánima Mundi es dual o
bisexual. La parte (masculina) ideal es puramente divina
y espiritual, es la Sabiduría, el Espíritu de Purusha. Y
la parte femenina está corrompida, en cierto modo, por
la materia; de hecho, es materia y, por tanto, demonio”.-1-
No es necesario decir que el Teúrgo tiene relación con
las regiones superiores más elevadas de la Luz Astral.
Desde el punto de vista práctico, este plano es el
agente mágico al que las visiones acumuladas de los
Teúrgos le han asignado el poder de transmitir
vibraciones e impresiones, no sólo de luz, calor y
sonido físico, sino esas vibraciones más sutiles y menos
tangibles, reales sin embargo debido a su
imperceptibilidad, que pertenecen a las corrientes de
Voluntad, pensamiento y sentimiento. Levi denomina a
este instrumento la Imaginación de la Naturaleza, ya que
está permanentemente vivo, con ricas formas y sueños
exóticos, lujosas imágenes, y es el vehículo inmediato
de las facultades mentales y emocionales. En cierto
modo, el control de este plano es lo que constituye el
Gran Trabajo. Algunos Magos, entre ellos el distinguido
Levi, opinan que el secreto mágico fundamental está en
la dirección de este arcano. Es el vehículo en el que
están dinámicamente registradas las pasiones,
pensamientos e impresiones de toda la humanidad, la
memoria de naturaleza más inferior y está presente sobre
la tierra todo el tiempo, ya que es permanente, por lo
que influye enormemente en la mente de los hombres
débiles y sensibles. Por tanto, para aislarse de sus
ciegas ondulaciones y para trascender al estrato más
elevado que es su alma, se precisan todas las energías
de los hombres.
Un autor mágico moderno, que utiliza el pseudónimo de
Therion, afirma que en los estratos más altos de la Luz
Astral “dos o más objetos pueden ocupar el mismo lugar
en el mismo momento sin interferir entre sí o perder sus
contornos. Bajo esa luz, los objetos pueden cambiar de
aspecto por completo sin que su naturaleza sufra ningún
cambio. La misma cosa se puede revelar a sí misma
asumiendo un número infinito de aspectos diferentes.
Bajo esa luz, uno se puede trasladar sin pies y volar
sin alas; viajar sin moverse y comunicarse sin utilizar
las formas de expresión convencionales”.-2-
Por lo que se
refiere al proceso de viajar en el Cuerpo de la luz, la
autoridad a la que cito anteriormente menciona, además,
que uno se hace insensible al calor, al frío, al dolor y
a cualquier otra forma de aprehensión sensorial y que,
bajo esta Luz, se queda sometido a lo que aparentemente
puede parecer una serie de leyes completamente
diferentes. En este plano, que es el agente mágico "par
excellence", los símbolos, los emblemas y los sigillae
no son convenciones intelectuales, ni siquiera
representaciones arbitrarias de ideas universales y
fuerzas naturales. Son entes absolutamente vivos que
tienen en este plano una vida real y una existencia
independiente y propia. Puede que, a primera vista, esto
no parezca importante; pero tiene una enorme importancia
por lo que se refiere al trabajo mágico. En el plano
Astral, los símbolos representan entes reales y
tangibles. En un capítulo anterior, se intentó demostrar
que los números eran un indicativo poderoso de los
procesos de evolución y desarrollo y que expresaban de
una forma sintética tanto el ritmo cósmico como ciertas
fuerzas e inteligencias ocultas a las que hemos
denominado Dioses, Dhyan Chohans y Esencias. A estos
Números que representan fuerzas tremendamente poderosas
se les pueden aplicar varios sigillae y pictografías, ya
que en este Mundo Formativo tienen una existencia que no
es, en absoluto, simbólica en el sentido en que solemos
entender este término, sino real y vital. Bajo la
sustancia plástica y maleable de la Luz Astral, estos
símbolos se galvanizan y se ponen en actividad por medio
de la Voluntad y de la Imaginación. Su sustancia es
peculiarmente susceptible a los vuelos y al trabajo de
la imaginación, ya que esta última posee el poder de
transformar su flujo perpetuo y la falta de forma en
moldes y matrices que la voluntad puede estabilizar y
vigorizar en una dirección dada. Existen numerosos
ejemplos de esto, como en el caso de las mujeres
embarazadas que reciben una conmoción; la impresión, por
medio de la imaginación que actúa sobre la Luz Astral,
se transfiere inmediatamente al feto en formación que
lleva en su vientre. Históricamente, entre los antiguos,
las diosas que presidían los nacimientos eran diosas de
la Luna, es decir, de la Luz Astral. Esas razas pensaban
que la Luna poseía mucho poder para acelerar el
crecimiento de la vida, de las plantas y de todo tipo de
vegetación, más poder incluso que el Sol.
Siempre se la ha considerado como el planeta del cambio,
de la generación y de la fertilidad. En La Doctrina
Secreta existe una cantidad de información poco común y
de especulaciones sobre la relación oculta de la Luna
con nuestro planeta, aunque al novicio le baste con
saber que la relación existe. Sin embargo, la relación
de la Luna con la Luz Astral es válida y la mayor parte
de las autoridades se muestran de acuerdo sobre este
punto. Astrológicamente hablando, la Luna es el planeta
que simboliza el cambio, el flujo, la continua
alteración de las formas, lo mudable de las condiciones.
En el Plano Astral, las personas que han tenido visiones
afirman que cambian las formas, colores y tamaños de una
manera asombrosa. Y para el novicio es un fenómeno muy
desconcertante cuando todo un conjunto de percepciones
desaparecen de debajo de sus narices siendo sustituido
por otro que corre la misma suerte que el primero. Es un
caleidoscopio fluctuante de fenómenos. Las figuras,
formas y energías no tienen un momento de quietud. Por
lo tanto, es perfectamente evidente la correspondencia
entre la Luz Astral y la Luna. Además, se ha observado
que la Luna no brilla debido a su propia luz interior,
lo que ella genera, sino que refleja la radiación del
Sol. Yesod, la esfera de la Luna, está situada en el
Árbol de la Vida inmediatamente por debajo de Tipharas,
la esfera del Sol, por lo que refleja las fuerzas
creadoras que le llegan de arriba. Existe un cierto
número de razones altamente significativas, aunque
demasiado numerosas para mencionarlas aquí, relacionadas
con esta asociación de la Luna con la Luz Astral; el
estudio y la experiencia mágica demostrarán la validez y
la exactitud de esta correspondencia.
En las leyendas de todos los pueblos, incluso en las
tribus más primitivas y salvajes, existe el concepto de
la Luz Astral como el medio para transmitir vibraciones
y realizar actos mágicos. Sir J.G. Frazer, el eminente
antropólogo y autoridad en folklore, incluye un cierto
número de ellas en su obra La Rama Dorada. Otros autores
han discutido también sobre la naturaleza de esta fuerza
hipotética reorganizada por los primitivos, pero no han
llegado a ninguna conclusión clara sobre su naturaleza
de gran agente mágico. Lo que no es nada raro, ya que
sus estudios e investigaciones no abandonan por un
momento el plano académico. Los melanesios de las Islas
de los Mares del Sur creen, según dice el profesor
Bronislaw Malinowsky en su obrita sobre los Mitos, que
existe un almacén o reserva de fuerzas sobrenaturales o
mágicas al que han denominado mana y que tiene su centro
en la Luna, lo mismo que la otra fuerza semejante a la
que los indios de Norteamérica llaman Orenda. Según esto
parece como si hubiera en la Luna un tanque inmenso
conteniendo este poder oculto que ellos asocian con la
fuente de la vida y la energía. No es difícil ver que
este concepto –no se sabe si imperfectamente recogido
por los antropólogos o mal explicado por los primitivos,
aunque lo más probable es que la culpa la tengan ambos-
este concepto, repito, es una formulación muy vaga de
esa realidad que, en Magia, llamamos Luz Astral.
Esto lo reconocieron bastante claramente los Teúrgos
egipcios, sin ningún tipo de teorías o descripciones
vagas. Podemos observar que casi cada centímetro de los
denominados Mundo Superior e Inferior, Amentet y el Tuat,
que son los dos aspectos inferior y superior del Plano
Astral, están cuidadosamente ordenados y trazados y se
han detallado sus cualidades.
Y no sólo eso, sino que en algunos capítulos del Libro
de los Muertos cada una de las subdivisiones viene
descrita con precisión a favor de los difuntos –y de los
Teúrgos- y se incluyen los nombres de los guardianes y
de los cuidadores de los postes a través de los cuales
tiene que pasar el alma del difunto para que se le
admita en alguno de los vestíbulos del Reino de Osiris.
Al hablar del criterio egipcio, Budge observa que el
Tuat no se le considera subterráneo, ni en el cielo ni
en sus confines, sino que estaba situado en las
fronteras del mundo visible. No debía ser un lugar
particularmente agradable, según la descripción que
viene en el Libro de los Muertos, cuando llegó el
Escriba Ani, que se quedó aturdido. “Aquí no hay ni agua
ni aire, sus profundidades son insondables, reina la
oscuridad como en la noche más negra y los hombres vagan
sin esperanzas”. El venerable Conservador de las
antigüedades egipcias del Museo Británico hizo la
observación de que el Tuat era una región de destrucción
y de muerte, un lugar en el que los muertos se
descomponían y se pudrían, un lugar de abominación,
horror, terror y aniquilación. Esto coincide
perfectamente con las esferas astrales inferiores de
desintegración o kama loka.
El Astral Divino se conocía como el Reino de Osiris o
Amentet; también se le denominaba la Isla de la Verdad,
ya que no se transportaba allí a ningún alma después del
fallecimiento hasta que los dioses, en el Gran Juicio,
no declaraban que no había mentido. Uno de los rincones
de esta región se había apartado especialmente y era la
morada de las almas beatificadas; en este lugar, Osiris,
como Dios de la Verdad, era la esperanza y el consuelo
eterno de los que allí estaban. Teosóficamente hablando,
Amentet podía llevar el nombre de Devachan, la morada de
los Dioses. Y desde el punto de vista de la Teúrgia
ocuparía esa parcela del Azoth que hemos denominado el
Astral Divino. Según el Libro de los Muertos, existen
Siete Grandes Vestíbulos y veintiún postes que dan
entrada a esta región celestial; en cada uno de estos
veintiún postes hay dos guardianes sagrados. En otra
parte de este libro se explica con cierto detalle cuáles
son los nombres de los heraldos y de los guardianes de
las puertas y también las fórmulas prácticas de magia
con las que se les puede vencer y hacer la entrada en la
Isla de la Verdad. El pensamiento de los Magos egipcios
era bastante preciso; así que imaginaron
correspondencias entre las distintas divisiones de
Egipto y los reinos metafísicos de Tuat y Amentet. Cada
uno de los estratos o las regiones del Mundo Astral,
tanto groseras como divinas, estaba diseñado con una
precisión que ni siquiera hoy en día se ha podido
igualar.
Existe otra comparación muy significativa a la que se
debe prestar atención. Entre los psicoanalistas
oficiales se utiliza el concepto de Inconsciente. Este
término implica una corriente dinámica de pensamiento,
memoria y tendencias que fluye por debajo del nivel de
nuestra consciencia individual normal. Sirve de
receptáculo para los instintos, los recuerdos étnicos y
para los complejos que son el resultado de un conflicto
consciente. Como esta colección de instintos y de
impulsos automáticos tiene origen evolutivo, muy
anterior a la formación y al desarrollo del intelecto en
el hombre, es muy poderosa. Se supone que los pueblos
primitivos han elaborado sus mitos y leyendas a partir
de este estrato de hábitos y de consciencia étnica
heredada. Los mitos y leyendas no son solamente un
registro de historias prehistóricas, sino la expresión
dinámica de lo que los psicólogos denominarían
inconsciente colectivo, ya que son en esencia idénticos
para todos los pueblos y razas primitivas, sin tomar en
consideración las relaciones sociales ni las
comunicaciones. Como lo que los analistas llaman
Inconsciente es prácticamente un sinónimo de lo que los
cabalistas denominan el Nephesch y como este último está
basado en la Luz Astral de la misma manera que el cuerpo
físico está basado y formado de materia, entonces
tenemos que existe una correspondencia clara entre la
Luz Astral y el concepto de Inconsciente Colectivo. Y de
la misma manera que el Inconsciente, en algunos
individuos, es algo subterráneo y volcánico que tiende a
hacer pedazos la integridad y la unidad de la
consciencia, la tradición mágica tiene la misma función
por lo que se refiere al aspecto más inferior de la Luz
Astral, el almacén de los recuerdos étnicos, los deseos
predatorios, los instintos y todos los impulsos
animales, al que gran parte de la humanidad le debe sus
problemas, dolencias y conflictos.
Sobre esta parte del Nephesch o del Inconsciente los
Magos, afirma Levi, deben asentar firmemente sus pies;
deben conquistarla, controlarla y mantenerla en su
lugar. Al mismo tiempo, sin embargo, el denominado
Inconsciente, con toda su riqueza de materia animada, su
fertilidad en ideas y sugerencias, puede ser para
algunas personas la fuente de la inspiración artística y
poética. Este aspecto del Inconsciente, el aspecto más
elevado o divino de la Luz Astral (el Neschamah en el
hombre) es el que el Mago tiende a cultivar y ampliar,
ya que su desarrollo y facilidad de expresión proviene
de su integridad individual y de la capacidad de
superarse a sí mismo.
Es en el seno de esta Luz Astral, que individualmente
llevamos con nosotros siempre y a todos lugares, donde
vivimos, nos movemos y tenemos nuestra existencia.
Cualquier pensamiento que tengamos deja una impresión
indeleble en la impresionable sustancia de ese plano; de
hecho, según la tradición, se funde con una de las
criaturas de ese plano y entonces se escapa de nuestro
control inmediato y se sumerge en ese océano pulsante de
vitalidad y de sentimientos para influir en otras
mentes. Todas las cosas vivas respiran e inhalan
libremente esta Luz y no es exclusiva ni privada para
nadie. En realidad, vivimos en ella, lo mismo que un pez
vive en el agua, rodeados por todos los lados y en todas
direcciones. Y, como un pez, continuamente respiramos en
ella por nuestras branquias astrales, tomamos energía de
ella y le añadimos una variedad de impresiones a cada
momento que pasa. Y este agente mágico no es sólo la
Imaginación de la Naturaleza, sino que también hace el
papel de la Memoria de la Naturaleza, ya que en cada
acto que llevamos a cabo, cada pensamiento que entra en
nuestro cerebro, cada emoción que abandona nuestro
corazón queda registrado en la materia astral y se queda
allí para siempre, como en un archivo eterno, para que
lo puedan ver y leer todos los que tengan capacidad de
hacerlo. Sobre esto, Eliphas Levi ha comentado que “El
libro de la Consciencia que, según la doctrina
cristiana, se abrirá el Último Día, no es otra cosa que
la Luz Astral en la que se conservan las impresiones de
todos los Logos, todas las acciones y todas las formas.
No hay actos solitarios y tampoco hay actos secretos.
Todo lo que deseamos auténticamente, es decir, todo lo
que confirmamos por medio de nuestras acciones, está
escrito en la Luz Astral”.
Aunque algunos puedan pensar que para el Teúrgo pocas
cosas pueden haber más interesantes e iluminadoras que
examinar los recuerdos de esa Luz, en realidad el Teúrgo
no hace eso, ya que no tiene ningún interés ni utilidad
práctica para él como su único objetivo es conseguir el
conocimiento de sí mismo y llegar a la unión divina,
sería una pérdida de valioso tiempo ocuparse en la
transcripción de este archivo. Aunque es necesario que
el Mago investigue la naturaleza de esta Luz en su
Cuerpo de Luz y que se familiarice con los distintos
aspectos de consciencia que ese plano presenta
continuamente, por lo que se refiere a su trabajo,
solamente busca ascender a los reinos espirituales más
intensos. El interés que siente por el Plano Astral es
debido a que, como es un plano dinámico y magnético,
sirve mejor que cualquier otro para enfocar las fuerzas
y las inteligencias con las que se quiere poner en
contacto. Y, en segundo lugar, porque en esa Luz o en
ese estrato superior se puede percibir a sí mismo según
su reflejo, es decir, como le ven los otros, y de esta
manera, puede adquirir datos fiables que le servirán de
gran ayuda para conocerse a sí mismo.
Al separar al dios del diablo, al éter solar y divino
del éter lunar y maléfico tiene lugar, automáticamente,
una división en esta luz. En este plano, los
pensamientos impuros de los hombres parecen extenderse
durante un período de tiempo más largo que los buenos,
porque estos últimos ascienden aparentemente a los
estratos más elevados, a las regiones de la Armonía y a
los sectores más altos del Mundo Formativo. El resultado
es que la Luz Astral, cuyo espacio lunar está poblado
por los toscos y maliciosos elementos del Ser, se va
contaminando gradualmente y su inmundicia se cierne
sobre la humanidad como un velo tóxico y mortífero. En
los libros de la Cábala, los elementos que constituyen
este paño venenoso se comparan con el Qliphos o conchas
de desecho de los grados de existencia más inferiores.
Son cortezas repugnantes, los “demonios con cara de
perro” de los oráculos caldeos “en los que no hay ni
rastros de virtud y nunca le muestran a los mortales
ningún signo de verdad”. Este aspecto de la Luz Astral
es para todos los hombres la serpiente seductora y
demoníaca del Génesis; este aspecto ciego es el que
deben trascender los Teúrgos, ya que entorpece la
realización del Gran Trabajo.
Si este proceso de llenar el Plano Astral con Qliphos
continuara indefinidamente sin que hubiera ningún medio
adecuado de detenerlo y efectuar una purificación, se
tendría como consecuencia el total envenenamiento de la
raza humana debido a sus viles emanaciones.
A pesar de todos los esfuerzos del pequeño grupo de
Místicos y Teúrgos de todos los tiempos, que
transmutaron por medio de su propia vida y de sus logros
espirituales los elementos base en cosas buenas y
graciosas, sin embargo el diablo sigue estando mal
equilibrado, por decirlo de alguna manera. Entonces, la
excesiva fuerza maléfica se precipita de acuerdo con las
leyes naturales y físicas. Y estas precipitaciones de
impureza astral tienen lugar en forma de desastrosas
convulsiones de la Naturaleza. Algunas de sus
manifestaciones son: terremotos, incendios,
inundaciones, crímenes y enfermedades. Eliphas Levi, en
sus profundos escritos a favor de esta opinión, afirma
su convicción de que la Luz Astral es “la fuerza
misteriosa cuyo equilibrio implica la vida social, el
progreso y la civilización; al perturbarla se produce la
anarquía, la revolución, y la barbarie y, a partir de
ese caos, después de cierto tiempo, evoluciona hacia un
nuevo equilibrio, el cosmos de un nuevo orden, cuando
otra paloma vuelve sobre las aguas ennegrecidas y
tumultuosas. Ésta es la fuerza que trastorna al mundo,
que modifica las estaciones; por medio de ella, la noche
de desgobierno y sufrimientos se puede transfigurar en
el día de Cristo... en la era de una nueva civilización,
cuando las estrellas de la mañana canten juntas y todos
los hijos de Dios profieran un grito alborozado”.
Es decir que la Luz Astral es, al mismo tiempo, un nimbo
de la suprema santidad y una vil serpiente de
destrucción; la concepción más elevada del reino
celestial y un infierno de depravación. Las catástrofes
universales se producen por medio de los canales de la
Luz Astral y si la anarquía y las calamidades son el
resultado de su desequilibrio y perturbación, entonces
se deduce que, por estos medios, también se puede
instituir en la tierra un nuevo y mejor orden de
equilibrio y armonía y que se puede conseguir incluso en
nuestro tiempo. Así que el resultado de nuestro paso
actual por en medio del caos y de la confusión puede ser
una civilización más graciosa. Ésta es la clave.
Algunos han acusado a los Teúrgos de ser egoístas en el
sentido de que se afanan, en primer lugar, para
conseguir su propia salvación. En realidad, están
comprometidos con una alta misión, transfigurar este
mundo de desgobierno en un brillante eón; ser el heraldo
silencioso e invisible de un mundo nuevo y mejor.
Superficialmente, puede parecer que lo que intentan es
conseguir cierto grado de consciencia espiritual para
ellos solos y que no les importa nada el bienestar de la
humanidad. Pero sus intentos para llegar a la divinidad
afectan el avance de la marcha normal de la humanidad.
Un sabio dijo: “Si yo fuera elevado, elevaría a toda la
humanidad conmigo”. Lo mismo sucede con los Teúrgos.
Proclo ha observado que, por medio de sus invocaciones
mágicas y de la unión espiritual, las esencias divinas
buscan una manera de descender al mundo y encarnarse
entre las gentes corrientes. Cuando el Teúrgo ha
consumado la unión con el alma Universal y se ha hecho
uno con las grandes Esencias que constituyen el Alma y
ha conseguido dirigir la Inteligencia de Adam Kadmon, el
Hombre Celestial, le ha prestado un incomparable
servicio a la humanidad con todo el poder que ha
conseguido. Porque la humanidad será supremamente
exaltada con el descendimiento de los Dioses. Y entonces
habrá una posibilidad definida de llevar a cabo los
cambios necesarios en la sustancia plástica y en los
arquetipos del Mundo Formativo, que se resolverán
armónicamente en el plano físico y ayudarán a elevar las
mentes de los hombres y restaurarán la armonía eterna y
el orden de las esferas, fuente de vida y existencias.
Pero el poder del Mago es limitado hasta que no haya
instituido la armonía en la esfera de su propia
consciencia. Hasta que la belleza y la iluminación
pertenezcan al orden de su vida, hasta que haya
equilibrado esa esfera con las Esencias Universales, los
perpetuos centros de Luz y Vida que sostienen el
Universo en todas sus ramas, no podrá realizar este
sueño utópico de la humanidad.
____________________________________________________________________________
NOTAS
1.- La Doctrina Secreta, vol. I (Publicada por Luis
Cárcamo, editor).
2.- Magik. The Master Therion. Publicada en español por
Luis Cárcamo, editor: “Magia en teoría y práctica”
(Aleister Crowley).
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