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Existen
dos Senderos que conducen al Íntimo: la senda del
Místico que es el camino de la devoción y de la
meditación, ruta solitaria y subjetiva puramente; y la
senda del Ocultista, que es el camino del intelecto, de
la concentración y de la voluntad educada y
disciplinada. En esta última senda se necesita la
cooperación de los compañeros de labor y estudio,
primeramente para poder intercambiar los conocimientos,
y en segundo lugar porque la magia ritual desempeña un
papel importante en todo el trabajo, por cuyo motivo, el
auxilio o la presencia de otras personas es
indispensable en las operaciones mayores. El místico
obtiene su conocimiento gracias a su comunión directa de
su Yo Superior con las Potencias Superiores. Para él es
locura la sabiduría del Ocultista, puesto que su mente
no opera de esa manera; pero, por otra parte, para las
personas de naturaleza más intelectual y extrovertida el
método místico les resulta imposible, hasta que una
larga educación y disciplina les ha permitido trascender
los planos de la forma. Por lo tanto, debemos reconocer
estos dos tipos distintos entre los que buscan el
Sendero de la Iniciación y recordar que hay un camino
para cada uno.
El Ocultista sigue una huella bien determinada ya,
después de haber sido hollada por innumerables pies
desde los tiempos más inmemoriales. Tan pronto como ha
adquirido cierto grado de desenvolvimiento, las Escuelas
de Misterios de su raza abren sus puertas para él, y él
encuentra a su vez su camino hacia ellas de acuerdo con
un método que describiremos en detalle en un capítulo
posterior. El origen de estas Escuelas de Misterios y la
fuente de sus conocimientos ya han sido descritos en uno
de los capítulos anteriores, y en estas páginas nos
tomaremos la tarea de explicar algo de lo concerniente a
su estructuración general y a su organización y
disciplina. El lector debe recordar, sin embargo, que
estas descripciones no deben ser tomadas como si se
refirieran a alguna escuela particular, sino que son
puras generalidades.
La Ciencia Esotérica empieza donde termina la Ciencia
Exotérica. Esta última deriva sus conocimientos de la
observación de los fenómenos, mientras que la primera
opera mediante métodos intuitivos. Es absolutamente
deseable que todo conocimiento sea de la naturaleza
exacta que sólo la observación y el experimento puede
producir; pero el procedimiento científico ortodoxo es
muy lento y entretanto el hombre tiene que vivir su vida
y luchar contra el medio circundante, y, por lo tanto,
para poder entender y resolver por sí mismo sus
problemas, tiene que utilizar todas las facultades de su
mente, incluyendo la intuición o mentalidad
subconsciente, así como la de aprehensión directa. Los
detalles de estos dos métodos de operación mental
requerirían una explicación larguísima, que no podemos
hacer aquí y que constituye como un capítulo aparte de
la psicología esotérica.
La Ciencia Exotérica debe ser considerada como una
Cúpula labrada en forma noble y permanente en piedra, y
la Ciencia Esotérica viene a ser como la estructura
metálica que mantiene las paredes no terminadas en su
lugar, hasta que se dé con la clave necesaria y pueda
todo quedar en su sitio. Conforme aumenta la obra
material y se va rellenando el edificio, la estructura
primitiva se va retirando, puesto que ya no es necesaria
y todo lo que cada nuevo descubrimiento agrega al
dominio del conocimiento científico exacto, hace
retroceder otro tanto a la Ciencia Esotérica en los
dominios de lo Invisible, manteniendo siempre su
objetivo, que es el de servir de armazón temporal, para
que la mente humana pueda seguir operando e impulsando
la vida progresivamente hacia sus fines ultérrimos. Es
la “X”, la cantidad desconocida de nuestra álgebra
mundana, que permite la realización del cálculo. Pero no
podemos considerar resuelto el problema hasta que la “X”
misma haya quedado reducida a una cifra definida y deje
de ser desconocida.
Así ocurre con la Ciencia Esotérica. Un día llegará
finalmente en que la marea creciente de la conciencia
humana, avanzando con la Evolución, cubrirá todas las
arenas del desierto y no quedará ninguna Ciencia
Esotérica, porque todo se habrá convertido en Exotérico.
Pero ese día está muy lejano, tanto que ni siquiera es
visible el más mínimo vislumbre de su aurora, ni
siquiera desde el más elevado picacho de la esperanza, y
tenemos que contentamos todavía con tener que utilizar
en nuestros cálculos esa “X” la cantidad desconocida,
mediante procesos mentales que no pueden ser aplicables
en el laboratorio de la ciencia oficial.
Las grandes Órdenes Esotéricas están en posesión de
Cosmogonías detalladas relativas a los Mundos
Invisibles, que son los que exprimen o exudan de sí ese
poco que es visible a los cinco sentidos físicos, y así
como el telescopio y el microscopio abrieron al hombre
el conocimiento de nuevos y gigantescos Universos de
nueva vida, que eran completamente invisibles para los
sentidos desprovistos de semejante auxilio, así también
ciertos poderes poco conocidos de lamente humana, cuando
son desarrollados adecuadamente, van revelando planos y
más planos de existencia, de los que no tiene la más
mínima sospecha la persona común. Las escuelas
esotéricas nos enseñan el empleo de esos poderes, porque
son para el ocultista lo que el microscopio es para el
biólogo y con su empleo puede alcanzar el conocimiento
de esos estados de existencia que eluden a la mente
humana en su presente estado de desenvolvimiento.
Sin embargo, no se le confieren estos poderes al
estudiante, lanzándole luego a lo Desconocido, para que
experimente allí lo mejor que pueda, como le pasa al
investigador de ciencia natural, sino que primeramente
se le enseña el debido empleo de sus facultades recién
despertadas, para que se familiarice directamente con
una cosmogonía que ya conoce bien teóricamente. La
diferencia entre estos dos métodos es parecida a la
partida de Colón hacia América y la partida de uno de
nuestros modernos buques de pasajeros. El capitán de
este último tiene sus mapas y sus instrumentos de
navegación y puede decirnos exactamente en cualquier
momento dónde se encuentra su nave, sea de día o de
noche, en toda la línea del Atlántico, sin tener que
andar a tientas, mientras que Colón dependía puramente
de la suerte para encontrar tierra, y sólo el hecho de
que le era físicamente imposible pasar por América sin
verla, fue lo que le impidió seguir adelante. Cuando se
recuerda que Colón lo que estaba buscando realmente era
una ruta hacia la India, se comprenderá que al encontrar
tierra creyó que lo había logrado. Y de la misma manera
se puede comprender que la posición de la Ciencia
Natural oficial no sea siempre tan satisfactoria como
parece suponerse. Es verdad que ha descubierto muchas
tierras: pero, ¿es esa tierra la India que se creía ser?
La posesión de mapas y brújulas es lo que distingue al
iniciado de una verdadera Orden Oculta del psíquico
natural que está andando a tientas, tratando de penetrar
en lo Invisible como un chico sin experiencia. El mapa
es una Cosmogonía y un Sistema de Correspondencias que
permite al estudiante encontrar su camino ascendente y
descendente a través de los distintos planos de lo
Invisible. Con este mapa puede conocer las rutas. Sin
él, tiene que andar de un lado para otro, lo mejor que
pueda.
Un Sistema de Correspondencias consiste en un juego de
símbolos que pueda percibir su mente concreta, así como
el conocimiento de los eslabones de unión que los
conectan entre sí. Este conocimiento es absolutamente
esencial para todo desenvolvimiento oculto y es
diferente para cada una de las grandes divisiones en que
se separa la humanidad en la superficie de la tierra,
porque las condiciones de cada localidad son diferentes,
y los aspectos astrales y mundanos del sistema tienen
que adaptarse a ellos, aunque sus aspectos superiores
sean universales. Por ejemplo, muchas operaciones
ocultas se realizan mejor en determinados tiempos, y el
tiempo difiere según las longitudes. Por lo tanto, una
operación que debería realizarse en Londres a una hora
determinada, tendría que realizarse en Nueva York cinco
horas más tarde, porque bien puede ocurrir que no
dependa del tiempo Solar sino del tiempo Sideral, el
cual es constante para todo el globo, y entonces la
diferencia entre el tiempo Solar de una parte y de la
otra tiene que ser tomada muy en cuenta. Y de la misma
manera, en todos los procesos y operaciones que tengan
algo que ver con las corrientes magnéticas y las mareas,
es necesario calcular con toda exactitud el momento en
que éstas se producirán en el lugar en cuestión y no
puede operarse al azar. Todas estas consideraciones
demostrarán que el Ocultismo práctico no es cosa que
pueda aprenderse de los libros por una persona que no
haya sido iniciada. Cada Orden conoce los mejores
métodos de elevar y desarrollar la conciencia más
adecuados a la tierra y a la raza a la que pertenece, y
sin semejante guía, todo estudiante de las Ciencias
Secretas se encontrará en gravísima desventaja.
Con objeto de que los mapas nos sirvan para algo, sin
embargo, es necesario que tengamos los instrumentos de
navegación adecuados y que comprendamos perfectamente su
empleo, pues de lo contrario uno podría saber muy bien
dónde está América, pero ignorar dónde se encuentra uno
mismo en relación con ese continente.
Los instrumentos del Ocultista son ciertas facultades
muy poco conocidas de la mente, que han sido
cuidadosamente desarrolladas y educadas mediante
procesos muy precisos y definidos. No podemos decir casi
nada en estas páginas de la obra de los Misterios
Mayores, que llevan a cabo las diferentes órdenes; pero
ya hemos hablado lo suficiente para dejar establecido
que poseen una Cosmogonía secreta y que están en
posesión de los métodos y sistemas para desarrollar y
desenvolver esta conciencia superior.
Antes de poder recibir ese tratamiento y educación, es
necesario que la conciencia inferior y todo el carácter
del individuo sean completamente purificados y
disciplinados, para que las fundaciones sean profundas y
seguras y luego no resbalen, cedan o se deslicen, cuando
se levante sobre ellas la imponente superestructura del
Conocimiento Oculto, gracias al funcionamiento de
lamente superior. Si esto no se hace así, el desastre es
casi seguro. En realidad se puede afirmar que es seguro
del todo. Muchas almas han recibido iniciaciones en
vidas anteriores y están en condiciones de recapitular y
recordar sus antiguos conocimientos cuando se ponen
nuevamente en contacto con los Misterios; pero aun éstas
deben borrar sus memorias pasadas y estar plenamente
seguras de que las han obtenido en plena conciencia de
vigilia, en su totalidad, antes de emprender la
peligrosa tarea del desenvolvimiento oculto. Para el
alma que llega al sendero por primera vez, esa educación
y disciplina preliminar son absolutamente esenciales.
Una gran proporción de los desastres que se producen en
la práctica del Ocultismo se deben al hecho de haber
descuidado esa preparación preliminar, de manera que las
fundaciones no eran capaces de soportar la
superestructura. Una Escuela Oculta viene a ser algo así
como un gimnasio de la mente, y si un estudiante trata
de realizar cierta proeza cuando no se encuentra en
condiciones o está fatigado, puede ocurrir algún
accidente grave y quedar lisiado para toda la vida,
mientras que si está bien entrenado y en perfectas
condiciones, podrá realizar la misma proeza con absoluta
seguridad. Los ejercicios que desarrollan la conciencia
superior tienen que estar tan graduados como los
destinados a desarrollar el cuerpo, y la ignorancia o
los defectos del sistema pueden producir tan malos
resultados en la Logia como en el gimnasio. Es una
máxima conocida de todos los atletas que nadie puede
entrenarse a sí mismo, y esto ocurre también con los
ocultistas, como muchos estudiantes animosos han tenido
que aprender a su propia costa.
El Ocultismo es una gran aventura y tiene sus riesgos,
aunque, en condiciones adecuadas esos riesgos sean de
tal naturaleza que cualquier persona valiente pueda
aceptarlos sin recelo. Es algo así como el alpinismo.
Hay cierto peligro, y ese elemento puede asumir de
pronto muy serias proporciones, tan grandes que nadie
las hubiera podido prever. Pero si se tienen buenos
guías, buenas cuerdas y una cabeza firme, no hay razón
alguna que impida que una persona se habitúe a las
alturas, comenzando por ascensiones fáciles hasta que
finalmente pueda alcanzar las cumbres mayores. Sin
embargo, si un hombre que sale de su oficina, y sin
guías, mapas ni cuerdas, trata de escalar las cimas de
una gran montaña, o bien no llegará más que hasta la
primera aldea, o bien sufrirá una muerte prematura.
La preparación preliminar que pone al ser humano en
condiciones para alcanzar las cumbres de la Ciencia
Oculta, debe ser dada en esa sección de los Misterios
que se llama “Fraternidades”. La misión de las
fraternidades es la de educar y preparar la personalidad
de los aspirantes eliminando durante el proceso a todos
los que no estén en condiciones de alcanzar las cumbres
en la actual encarnación. Nadie tiene por qué
avergonzarse de que después de haber entrado en una
Fraternidad no pueda ir más lejos. Todos tenemos que
emplear varias encarnaciones trabajando en los Misterios
Menores antes de que estemos listos para entrar en los
Misterios Mayores; y aun en el caso en que alguien haya
logrado poner el pie en el primer peldaño de la escala y
la senda esté abierta ante él, no es posible pensar en
que pueda alcanzarse el tope de la escala en una sola
encarnación. Los que parecen hacer un progreso
fenomenalmente rápido, en realidad están recapitulando
lo que ya hicieron en vidas anteriores, mientras que los
que progresan lentamente están trabajando en los
Misterios por primera vez. No hay por qué avergonzarse
de este lento progreso, si uno hace lo que puede
sinceramente. No es tiempo perdido, sino absolutamente
esencial para la preparación. Es indispensable no tratar
de marchar al paso que sólo es posible cuando se trata
de una recapitulación, pues de lo contrario todo
terminará en un desastre.
En toda Fraternidad la educación del carácter y las
grandes lecciones de la Fraternidad y del servicio
desinteresado y altruista tienen que aprenderse a fondo.
También es necesario que la mente consciente se prepare
para su amalgamiento con la supraconciencia, y con ese
objeto tiene que equiparse con la teoría general de la
Ciencia Oculta. En los Misterios Menores, el aspirante
educa y ejercita su carácter en la misma forma en que un
atleta entrena su cuerpo, para fortalecerse y soportar
la ordalía de las alturas a cuyo ascenso le habilitarán
los Misterios Mayores. También trata de equipar su mente
de manera que pueda comprender plenamente las enseñanzas
que se le transmitirán cuando entre en los Grandes
Misterios.
Muchas de las enseñanzas recibidas en los Misterios
Menores ya no son secretas, sino que pueden adquirirse
en las publicaciones modernas. Sin embargo, es necesario
que se comprendan perfectamente todos sus conceptos
antes de que el estudiante esté en condiciones para
presentarse como candidato a los Misterios Mayores, en
los cuales le será revelado su significado real. Sin
embargo, el valor de los Misterios Menores consiste
principalmente en la edificación y educación del
carácter y en el hecho de que cada miembro de la
Fraternidad está siempre bajo la influencia de uno u
otro de las Grandes Ordenes. Para que una Fraternidad
cualquiera pueda realizar ese trabajo y proporcionar una
preparación valiosa, tiene que depender de alguna de las
grandes tradiciones iniciáticas, y amenos que un
Iniciado de los Misterios Mayores ocupe el Oriente, sus
ceremonias carecen de validez.
Finalmente llegamos a la consideración de las funciones
de los grupos y sociedades de la Ciencia Sagrada. Esos
grupos son innumerables actualmente y pueden representar
o bien la puerta abierta, o ser una trampa o un engaño,
o quizás cosas mucho peores. Los métodos para distinguir
entre lo valioso y la hojarasca, los daremos en detalle
en el último capítulo.
Un grupo o sociedad no es más que un círculo de
estudios, salvo que su dirigente sea un iniciado en los
Misterios, porque todo grupo debe ser algo así como una
dependencia de una Fraternidad, en la misma forma en que
una Fraternidad es la dependencia de una Orden. Algunos
iniciados de los Misterios, que han alcanzado cierto
grado, se les permite trabajar más o menos públicamente
en el mundo, enseñando los elementos de la Ciencia
Oculta a todos los que quieran conocerlos; pero no
pueden darse así más que los elementos, por razones que
ya hemos explicado. Esos conferencistas o escritores
apenas son simples anunciadores que dicen a sus
estudiantes: “Si seguís la línea de preparación que os
hemos indicado, os calificaréis para el aprendizaje y la
educación oculta”. Esto es también todo lo que pueden
hacer las sociedades en sus conferencias públicas, y
esto es una tarea absolutamente necesaria y tiene que
ser hecha por alguien, y a los iniciados de los
Misterios se les exige que durante cierto tiempo
realicen este trabajo.
Si el dirigente de un grupo o el presidente de una
sociedad es, en realidad, un iniciado en los Misterios,
a su tiempo pasará a sus estudiantes a alguna escuela
más interior, donde recibirán mayores conocimientos y
una preparación más a fondo, poniéndolos en condiciones
de hollar el Sendero con sus propios pies. Pero si no es
un iniciado de veras, poco tendrá que ofrecer a sus
estudiantes más allá de los recursos de su propio
intelecto, y esa es una fuente que los más adelantados
de entre ellos secarán bien pronto.
Los grupos y las sociedades deben ser consideradas como
las avanzadas de los Misterios, y el fin de todo
verdadero instructor es el de pasar a sus propios
discípulos tan pronto como le sea posible a la Orden en
la cual él mismo fuera educado. Y cuanto más rápidamente
pueda llevarlos al estado de desenvolvimiento necesario
para que sean admitidos en los Misterios, tanto mayor
será su habilidad como instructor. El hombre que es un
iniciado en alguna de las grandes Escuelas de Misterios,
no teme jamás que sus discípulos lo sobrepasen, porque
sabe perfectamente que mantendrá su buena situación con
sus Superiores, si constantemente puede enviarles
aspirantes de mérito. Por lo tanto, jamás retendrá a
ningún aspirante prometedor, impidiéndole penetrar en
los Misterios, porque no tiene por qué temer que aquél,
al entrar en los Misterios, trate de atisbar la desnudez
de la tierra. Al contrario, traerá un informe acerca de
su feracidad y riqueza y confirmará las aserciones de su
instructor y espoleará a sus compañeros de jornada para
que se apresuren.
Nunca confiéis en un ocultista que se proclame a sí
mismo el jefe de una tradición cualquiera, porque si lo
fuera, en primer lugar jamás se lo diría al no iniciado,
y en segundo lugar estaría viviendo en una gran
reclusión, completamente inaccesible a todos los que no
fueran sus subordinados inmediatos. Si una persona es un
gran pintor, no necesita informarnos acerca de ese
hecho: lo conoceremos por los cuadros que estén en el
museo de la nación, y además comprobaremos que evita
nuevas presentaciones, porque las nuevas amistades le
robarían mucho de su tiempo. Cuanto más eminente es una
persona, tanto más difícil es llegar a ella, no a Causa
de su orgullo o de su exclusividad, sino porque son
tantas las personas que quieren verla que hay que
ejercer una selección muy rigurosa entre los que pueden
ser admitidos.
Así ocurre también con los ocultistas: los grandes no
pueden ser encontrados fácilmente, y los que son
accesibles o bien pertenecen a los grados inferiores, o
son los guías encargados de conducir a los
investigadores a las Escuelas de Misterios donde
aquéllos recibieron su educación y su conocimiento. El
verdadero ocultista no forma los secretos en su propia
cabeza, sino que los recibe como un depósito
sacratísimo, de la mayor responsabilidad, y le han sido
dados por personas que a su vez los recibieron de sus
predecesores. De esta manera, la antorcha del Ocultista
va pasando de una generación a otra.
Esta es, pues, la organización de las escuelas ocultas:
primero, los grupos que se forman entorno de los
iniciados en los Misterios Menores: luego las
Fraternidades que dependen de los Misterios Mayores; y,
finalmente, los Misterios Mayores mismos y la Orden en
sí, donde comienza el trabajo oculto verdadero. El
aspirante tiene que subir por esta escala hasta la luz y
su progreso no depende de nadie sino de él mismo, porque
hasta la Orden misma en la tierra no es más que la
Puerta que conduce a lo Invisible. Sólo el Gran
Iniciador puede conferir su iniciación, y esa iniciación
no se da en la carne o por la carne.
Los Grupos, Fraternidades y Órdenes trabajan con
símbolos, y por medio de ellos el aspirante puede mirar
como a través de un cristal empañado; pero es su misión
ayudarle a desarrollar la supraconciencia, y cuando lo
haya logrado entonces verá cara a cara y conocerá por sí
mismo lo que haya que conocer.
Además, debemos hacer resaltar el hecho de que el
Ocultismo no es más que el medio para lograr un fin, y
ese fin es el Sendero de la Unión Divina. Hay algunos
que pueden hacer esa jornada directamente, pero otros
tienen que hacerla por etapas a través de los planos de
la forma, entre los cuales el plano mental no es el
menor, y para esos la mente tiene que ser educada,
disciplinada, elevada y puesta en condiciones de
funcionar bajo nuevas formas que se aproximen más y más
a la realidad espiritual. Nunca debe olvidarse que las
formas obscurecen la luz, y sólo podemos conocerlas por
la sombra que arrojan sobre los planos inferiores. El
aspirante debe utilizar los símbolos del ocultismo para
ejercitar y desenvolver su conciencia y debe tratar de
abandonarlos por completo tan pronto como la conciencia
pura comience a despuntar en él.
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