|
El
día que el Hombre descubrió su sombra, fue un día común e
insignificante. Pudiera decirse que tal descubrimiento no
ocurrió aquel día, pues la Verdad sobre el asunto escapó a
su inexperta curiosidad. Pudiera decirse, en vez, que el
Hombre supo que existía una forma oscura que le seguía por
doquier, imitando silenciosamente sus ademanes. Y nada más.
Con los ciclos claroscuros del Sol y de la Luna, aprendió
luego que la sombra del Mundo ahogaba su sombra y que la luz
del Mundo la robustecía. Aprendió que al Ocaso y al Alba su
sombra se extendía hacia la oscuridad como intentando
asirse, temerosa de ser castrada por los rayos de luz, y que
cuando el Sol estaba más alto, se escondía toda bajo sus
pies, tímida y frágil. Aprendió que el abrazo de los cuerpos
era también el de las sombras y que el roce de las sombras
no producía fricción alguna. Sospechó así que, a pesar de
sus fieles ademanes, algo traicionero había en ella. Algo
que la hacia ajena e inquietante. Más de una vez intentó
increparla con el propósito de conocer su intención, mas la
sombra huía lo suficiente de sus manos para llegar un poco
adelante. Alguna vez logró tirarla por tierra y mantenerla
presa, e incluso entonces la esquiva criatura se resistió a
revelar el misterio de su naturaleza. Viendo lo inútil de su
empeño, la amenazó, procurando que se alejase espantada,
como una bestia salvaje, y su frustración fue grande al ver
que su sombra le seguía irremediablemente. A este punto,
decidió ignorarla, pues si bien era fastidiosa, también
resultaba tímida e inofensiva.
Viviendo entre otros hombres y entre otras sombras, el
Hombre y su sombra comulgaron con sus semejantes para
sembrar los rudimentos de la Sociedad. Esta institución
creció como una mala yerba en el corazón y en la actividad
de todos. Sus raíces se enredaron cual ropas en los cuerpos
y cual parásitos en los deseos. Estrangularon la Mente y la
partieron en trozos informes, que al ser hechos del material
de los sueños, tomaron vida propia y lucharon por
sobrevivir. De esta suerte sacaron provecho Personalidad y
Represión, dos inseparables compañeras. Personalidad tomó
bajo su tutela al más vigoroso de los hijos de la Mente y le
dio el dominio del Ser. Represión, en cambio, tomó para sí
al resto de los hijos y los oprimió con sus manos,
enseñándoles el significado de la Muerte. Algunos de los
infortunados huyeron buscando refugio donde los ojos de su
verdugo no pudieran ver. Inesperada y oportunamente, la
sombra del Hombre se convirtió en asilo de los hijos de la
Mente que huían de la Represión. Esta ocasión dio a la
sombra su mejor alimento, robusteciendo su lado invisible y
amenazador, latente como la furia de un depredador en
asecho.
Completada su obra, Represión no se conformó con segar la
vida de sus ahijados, y urdió un complot contra
Personalidad. Sembró por doquier semillas de una planta
llamada Cultura, que en sus inicios fue inocua y dio a
Personalidad y a sus pupilos alimento y abrigo. Todos se
regocijaban al ver prosperar aquel prodigio y se preguntaban
unos a otros el origen de sus semillas. Algunos decían que
cayeron del Cielo, de donde Misericordia lanzaba lluvia y
trueno. Otros pensaban que habían salido de las astillas del
leño que el Primero de la Raza convirtió en lanza para cazar
y defenderse. Muchos decían que en tiempos remotos e
inciertos, la abundancia había criado entre las sobras de
alimento un hongo llamado Religión y que este dio siete
esporas esparcidas por el Mundo y que de ellas nacieron
siete plantas de Cultura que a su vez se reprodujeron y
dieron abrigo a muchos hombres. Cierto es que ninguno
sospechó el origen y el fin de aquella planta milagrosa y
aparentemente inofensiva.
Cuando las ramas de la Cultura crecieron en árbol, criaron
muchas espinas llamadas Moral, y enredaron a todos en su
follaje. Los hombres perdieron la capacidad de moverse por
sí mismos y llegaban solo donde las ramas pudieran
llevarles. Personalidad, impotente, comprendió el descuido
que había cometido y Represión tuvo control absoluto y
potestad para estrangular a todo el que le viniera en
antojo. Decían que a partir de entonces, Personalidad se
hizo débil y estuvo a merced de la espinosa Cultura y de su
creadora Represión.
El cuerpo del Hombre quedó herido en cada intento
desesperado por zafarse del yugo de espinas y esto debilitó
su vigor y melló su voluntad. En cambio, su sombra, ajena a
toda presión y a todo roce, quedó intacta, y con ella, los
hijos de la Mente que habían escapado una vez, volvieron a
escapar de esta tortura.
En las entrañas de la sombra, los renegados comenzaron a
inquietarse y viendo su total impotencia, se revelaron
contra Represión, produciendo terribles estremecimientos de
dolor en el Hombre, al confrontar sus más oscuros deseos con
el sarcófago de espinas que la Moral y la Cultura habían
cerrado a su alrededor. Embotados por el dolor, los hombres
aprendieron con sangre el significado de Sumisión y con
sangre lo transmitieron a su descendencia. Represión achacó
todo sufrimiento a la sombra y así los hombres renegaron de
la Rebelión, teniéndola por cruel, caprichosa, e inútil.
Siendo las espinas de la Moral sostenidas por la Cultura,
venerable y anciana, el Hombre sintió reverencia por ellas y
creyó justo el sufrimiento. Su dolor se convirtió en castigo
y sus heridas sangrantes fueron infectas por una lepra
llamada Culpa, que las hacía fétidas y más dolorosas. A
pesar de ello, no existió dolor capaz de aplastar a los
guerreros de la sombra, cuya burla y venganza consistía en
quebrantar la Moral impunemente.
Cada vez con más fuerza, las hordas de invasores ganaron
suelo en la Mente y fueron encontrando aliados a su paso. De
todos ellos el más legendario fue Sexo, un guerrero fiero e
implacable bajo cuya espada caerían todos los heraldos de
Represión. Contaban que Sexo conocía las entrañas del Hombre
y que a su comando, todas las vísceras del cuerpo temblaban
irresistiblemente. Frente a ese poder, las fuerzas de
Represión languidecían.
Por muchas edades, Sexo luchó del bando de los renegados,
hasta el día en que Represión fingió dejarse derrotar por él
y accedió a ofrecerle el Trono del Ser. Bajo esta promesa,
Sexo se entregó desenfrenadamente a su nueva libertad y
todas las fuerzas de la sombra se regocijaron de ver
coronado su empeño.
Represión observó meticulosamente al nuevo Rey de la Mente,
descubriendo sus debilidades y sus fortalezas. Mandó
construir un Jardín sembrado de Pornos, la clase antigua de
flor a la que se atribuía el Don de enviciar por la mirada.
Al verlo, el nuevo Rey quedó atrapado en un remolino de
hojas y perdió toda su Fuerza. Las huestes de Represión se
lanzaron sobre los renegados que habían abandonado su
refugio y los replegaron hacia la sombra, en una estampida
que desgarró lo más profundo de la carne del Hombre.
Habiendo perdido a su Héroe de forma tan insólita, los
habitantes de la sombra quedaron débiles y dudaron de su
lucha, pues aquello que parecía el Propósito, podría
convertirse en su Fin.
La nueva victoria restituyó a Represión todo el poder que
Sexo le había quitado y le dio un arma que sería causa de
dolor para los habitantes de la sombra. En su delirio, Sexo
reveló que la raíz de su ímpetu era Fantasía, la sacerdotisa
de los Sueños. Sabiendo esto, Represión envió a su hijo
Morbos hacia la sombra con el empeño de seducir a la Virgen
Fantasía y traerla como rehén al Reino de la Mente. Morbos
cumplió la primera parte del plan, pero antes de
completarlo, quedó hechizado por la belleza de la Virgen.
Resuelto con más fuerza a tomarla por esposa, la sacó de la
sombra. Grande fue su dolor al ver como el menudo cuerpo de
Fantasía se disolvía en polvo. Tomando cuidadosamente los
restos de su amada, el joven regresó a la sombra y la lloró
hasta humedecerla con sus lágrimas. Por obra del Misterio,
el cuerpo de Fantasía cobró vida, y de esta suerte, Morbos
quedó condenado a sufrir el exilio por siempre, pues toda
vez que se aventuraban a salir de la sombra procurando la
bendición de su madre, su esposa Fantasía quedaba reducida a
cenizas.
Represión se hizo más fuerte que nunca, pues su hijo llevó
hacia la sombra el dolor. Morbos enfermó de Vergüenza y
Fantasía, llena de Amor, imploró a Misericordia que le
revelara el arte de su alivio. Mientras recorría a gritos el
Reino de la sombra, descubrió que muchos habitantes padecían
el terrible mal. En su andar, encontró una hierba llamada
Secreto y con ella alivió las llagas de Vergüenza que
atormentaban a su amado. Manchadas sus manos del ungüento,
Fantasía sanó a todos y la Fe de los guerreros se robusteció
al ver su devoción.
El bálsamo de Secreto mitigaba el dolor, pero no curaba la
Vergüenza. Entonces Fantasía rogó conocer el arte de la
curación definitiva. Mas, a este punto, Misericordia
respondió que no correspondía a Fantasía tal Don, sino al
vástago de Morbos que llevaba en su vientre. Y reveló que
Vergüenza era la sombra de Culpa y que mientras el cuerpo
del Hombre sufriera las heridas infectas de la Moral, no
habría cura definitiva para ninguna de las dos. Oído esto,
Fantasía supo que estaba en cinta y esperó el día del
advenimiento aliviando enfermos.
Cuando la criatura vio la sombra, los habitantes supieron
que era hembra hermosa y le llamaron Plenitud, pues plena
fue su Esperanza. La pequeña creció y fue Virgen bella y
celada por su padre, quien temía la furia devoradora de
Represión.
De Fantasía, heredó la sutileza y el Don de escuchar la voz
de Misericordia. De Morbos, recibió la seducción
irresistible y el misterio de hablar todas las lenguas de
los hombres.
Su sangre mestiza dio a Plenitud la capacidad de atravesar a
Libertad las fronteras del Reino de la sombra y siendo
traviesa, incursionó en la Mente. Así conoció del dolor del
Hombre, y de la cruel enfermedad de Culpa que hería su Ser.
Conmovida, rogó a su madre que le contara la Historia de los
Dos Reinos. Entonces Fantasía lloró en silencio, sabiendo
que su amada hija comenzaba a vivir sus propios designios.
Le indicó que, tras la frontera de la sombra, más allá del
Reino de la Mente, encontraría respuesta a su inquietud y le
ordenó partir. Le advirtió que si preciaba su vida, pasara
de incógnito por los dominios de su abuela Represión, pues
la furia de aquella no conocía límite. Al despedirla,
Fantasía ahogó en llanto su pesar, pues bien conocía la
bondad del corazón de su hija que difícilmente sería apocado
por sus consejos.
Plenitud comenzó su peregrinación hacia donde ninguno había
llegado antes. En el camino encontró muchos árboles de
Cultura repletos de hombres ensartados en las espinas de la
Moral. Viéndoles agonizar de modo tan cruel, la Virgen cortó
sus venas para darles a beber de su propia sangre.
Toda
vez que la sangre de Plenitud corría por las venas de algún
hombre, las llagas de Culpa dejaban de supurar y su carne
botaba fuera las espinas de la Moral. Mas, como las ramas de
la Cultura eran firmes, donde salían de un lado las espinas,
recalaban del otro, haciendo la cura más dolorosa que el
mal. A fuerza de tanto quebrarse y sanar, la piel del Hombre
se endureció y llegada la hora, Moral no pudo morderlo más.
El Hombre estuvo de esta suerte salvo de Culpa y su sombra
libre de Vergüenza.
En tanto, Plenitud recorría el Reino de la Mente, ajena a
los prodigios emanados de sus continuas oblaciones de
sangre. Represión, sabiendo de sus obras piadosas, decidió
darle fin con sus propias manos y al intentar estrangularla,
el sutil cuerpo de la Virgen se escapó de entre sus dedos,
como hecho del material de la sombra. Sólo entonces
Represión entendió que el fin de su Reino había llegado.
Temerosa y vil, rogó a Plenitud que no le hiciera matar y en
su misericordia, la Virgen Redentora le dio de todos, el más
severo y justo fin. Represión serviría por siempre al Hombre
y a su sombra, procurando su integridad y mostrándole el
camino hacia la Plenitud.
Restituyó con su sangre el vigor de Personalidad y le rogó
que tomara bajo su tutela a todos los vástagos de la luz y
de la sombra, de modo que ninguno fuera tomado a menos. Se
cumplía de este modo el plan que Misericordia tenía
reservado para el Hombre. Los Dos Reinos fueron Uno, tal
como debía ser y tal como había sido siempre sin que ninguno
lo hubiera notado.
______________________________________________________________________
Terminado de
transcribir el Domingo 10 de diciembre de 2006 en la Habana
a las 23:32 horas, mientras el Redentor Urano señalaba el
poniente.
Yudhiistira
|