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Neptuno
es el templo planetario que muestra las diversas formas
en que el hombre establece conexión con lo sagrado. Es
un planeta transpersonal que conecta a los seres humanos
bajo un mismo movimiento energético y con la memoria
etérica, conocida dentro de las crónicas ocultistas como
Akasha. En la psicología occidental C. G. Jung le llamó
Inconsciente Colectivo.
Neptuno tiene la finalidad de vincularnos con lo
invisible a través del tercer ojo -Ajna Chakra- y
despertar nuestra consciencia espiritual a través del
Chakra Corona -Sahasrara Chakra-
Al
encarnar y adentrarse en el plano de la materia, el
hombre entra en contacto con la vivencia de la Caída, la
Pérdida del Paraíso. Esta sensación de separación de la
Divinidad la experimenta bajo forma de memoria
inconsciente. Es una añoranza existencial, la sensación,
necesidad o certeza de haber pertenecido a “algo”
superior. Existen muchos caminos para volver a
establecer el vínculo perdido. Innumerables senderos
-genuinos o no- para reencontrar la Divinidad, para
sentirse de nuevo en casa.
Neptuno, deidad griega regente de los mares, es quien da
su nombre al planeta. El mar y los océanos se consideran
la fuente de la vida y el final de la misma, representan
la amplitud del mundo subconsciente y la fusión de lo
singular dentro la psique colectiva.
Un personaje arquetípico que encarna de forma fiel los
diversos aspectos del planeta Neptuno es Dionisos. Dios
de la emoción y el éxtasis, mal comprendido,
interpretado superficialmente, asociado únicamente al
vino y a los excesos, Dionisos es el Arquetipo principal
de la Iniciación y el discipulado; un personaje ambiguo,
mimético, escurridizo, nebuloso, promiscuo, pero al
mismo tiempo profundo, fiel, místico. Dios de contrastes
y paradojas. Hijo de Zeus y Semele, nacido dos veces,
enloquecido, desmembrado, dedicó su vida para revelar a
los hombres el medio de conexión con lo sagrado: la Vid.
Perteneció a muchas mujeres pero sólo amó a Ariadna. Una
vez rescatada la sombra de su madre del mundo oscuro, le
fue otorgado su lugar en el Olimpo. Sólo entonces
recobró su carácter Divino, después de ser errante,
deambular, experimentar y generar a su alrededor un
profundo sufrimiento.
Dionisos/Neptuno recuerda al hombre su naturaleza dual,
el misterio de la búsqueda, la revelación interior
(Gnosis) y el sufrimiento como medios para recobrar la
Divinidad. Neptuno es el gran disolvente del Ego que
lleva al hombre a través de la angustia existencial a
pedir ayuda a una fuerza superior. A través del dolor
entra en contacto con la vivencia de la Fe.
En
el hombre, la melancolía producto de la separación del
Padre puede ser aplacada de muchas formas. En un nivel
básico, gregario y negativo, es la evasión utilizando
medios artificiales como mecanismo para huir de las
cargas y el peso de la realidad. Aquí encontramos el
abuso de sustancias y las dependencias de alcohol y
drogas para recobrar un estado paradisíaco de plenitud,
pero ficticio.
Una
manera de vivir la energía sutil de Neptuno de forma
positiva en nuestro mundo material y denso es a través
de una profesión de ayuda. Todas las actividades
destinadas a calmar el dolor y el sufrimiento -físico y
psíquico- de nuestros semejantes ayudan a conectar con
la noción de Unidad del Universo. Al curar a otro
estamos sanando un colectivo.
Otra manifestación de la energía de Neptuno es a través
del mundo emocional: sentir lo que otros sienten,
conectar con los mundos invisibles y el despertar de la
sensibilidad y el psiquismo. Un Neptuniano se comporta
como una antena psíquica que rastrea las emociones de
personas y ambientes, pudiendo establecer conexiones
profundas sin mediar palabra. Sin embargo también
absorbe las energías densas ajenas (depresiones,
violencia, irritabilidad), e incorpora estos estados
emocionales asumiéndolos como propios. Se esperaría
entonces que una persona con tal sensibilidad tenga
cierto conocimiento sobre las leyes espirituales para
utilizar de forma adecuada esta capacidad y sobretodo
para saber que aquello que está experimentando no es
patológico. Sin embargo, vivir bombardeado por las
emociones ajenas puede llevar al psiquismo a perder su
equilibrio.
La
psicosis también pertenece a la esfera de Neptuno. Una
marcada evasión y negación de las circunstancias vitales
pueden llevar a crear un mundo interior tan separado de
la realidad que se termina por vivir enajenado. Otra
causa de enfermedad mental puede ser producto de una
mediumnidad mal canalizada que termina por “enloquecer”
a la persona. La hipersensibilidad se encauza por
caminos anómalos.
A nivel de relaciones, Neptuno manifiesta la energía del
amor en su forma más pura o sutil. Es el amor
incondicional, platónico, sufrido y romántico. Tiene
poco de terrestre, por lo que la decepción le acompaña
necesariamente. Por Neptuno surgen las historias de
pasiones no correspondidas, relaciones imposibles,
distantes, idealizadas y las víctimas de amor por
infidelidad. En consecuencia los engaños son
generalmente autoengaños producto de una visión confusa
de la realidad.
Otra forma más sutil de conexión la encontramos en el
trabajo del artista. Con Neptuno el artista se convierte
en una herramienta de la Divinidad que plasma en el
mundo material las formas eternas a través de la música,
la poesía, la fotografía, el cine, la pintura. El arte
neptuniano trasciende las formas estéticas inyectándoles
emoción. Esta es la diferencia entre una obra armónica
que seduce a los sentidos y una obra que conmueve al
espíritu. Al mismo tiempo el artista, conciente de su
conexión sagrada, se siente pequeño y agradecido por el
Don que le ha sido concedido.
Un
nivel superior y elevado de Neptuno encontramos al
místico. Aquel personaje que ha trascendido e integrado
las formas sociales y culturales de la espiritualidad
-religiones- y logra establecer conexión directa con lo
Divino. Es el trabajo interior de silencio y soledad que
permite crear el espacio sagrado. Es el Sendero del
Discipulado, la entrega a una causa superior abandonando
la identificación con lo personal e individual.
En
el templo de Neptuno encontramos entonces las siguientes
pruebas iniciáticas:
*
El sufrimiento como una manera de desestabilizar y
ablandar el Ego para tener conciencia que no todo
depende de la voluntad personal.
*
La hipersensibilidad manifestada a través de los poderes
psíquicos, la creatividad y la conexión con los mundos
sutiles.
*
La adicción a sustancias, relaciones y situaciones como
medios de evasión de una realidad demasiado dura.
*
Los espejismos, los engaños, la proyección de nuestras
imágenes internas, creando una percepción falsa de la
realidad.
*
Las pruebas de amor que trascienden tiempo y espacio.
*
El sacrificio, la traición y encontrarse en posición de
víctima tal vez como pruebas karmicas compensatorias a
un Ego demasiado cristalizado.
Los
tránsitos tensos de Neptuno sobre planetas personales
indican períodos en la vida en los que la persona se
siente desconectada, con la sensación de “haber perdido
el rumbo”. Hay confusión, ambigüedad, incoherencia entre
lo que se piensa y lo que se hace. Predominan el
sufrimiento y la melancolía que llevan a la búsqueda de
un Sendero espiritual. Si no se encuentra el camino se
permanece en un limbo, en un estado de desconexión
esencial.
Los
tránsitos armónicos de o sobre Neptuno marcan períodos
en la vida de felicidad y realización interior,
invisible a los ojos de los demás ya que sus efectos no
se manifiestan directamente en la realidad externa.
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